DE COMO EL TRANSPORTE PUBLICO TE PUEDE JODER UN CAFE EN LA MAÑANA

combi

por: Voyero

Me levanto a las 5.50 a.m. para poder salir antes de lo usual y poder “chapar” un micro vacío que me permita transportar la maletaza que llevaré. Felizmente en el Perú no se cumplen las reglas porque transportar paquetes grandes en el trasporte público está prohibido, pero si las mamachas suben con sacos de Dios sabe qué, esta vez me puedo dar esa licencia.

Me afeito, me corto…normal ya ni me molesta. Me cambio agarro mi maletota y salgo. ¡Se me olvidó el libro! De regreso a casa. No he caminado mucho con estos incómodos zapatos que estoy obligado a usar porque los “viernes casuales” del trabajo, son “lunes sin corbata”; así que normal. Ya con el libro espero en el paradero. La 23 ése es mi transporte. Felizmente no esperé mucho porque ya me estaba mojando con la matutina garúa limeña. Subo al micro y ¡está LLENO! Vaya, esa si que es una excepción decepcionante, justo hoy día que vengo con equipaje. En fin, me quedo parado con mi maletota estorbando el paso. Sin poderme mover empieza a llover dentro del bus. Subo la mitrada y descubro que del techo caen gotas cuando me cae una en los lentes… “ta’ mare”, me muevo a un lado. Incomodo el paso con mi maletota (“por eso es que está prohibido” pienso sin revelarle a nadie mi infracción). El cobrador pide que le pague con “sencillo en la mano”… le doy dos soles y lo miro con desdén por no entender q el servicio al cliente es lo más importante para que él pueda comer, y que un micro que llueve no es un buen servicio. Reclamo por mi vuelto (nótese el uso de la palabra reclamo).

Los nuevos pasajeros que van subiendo me ganan en agilidad (¡claro no tienen maleta!) y se sientan en los pocos sitios q se van desocupando. Se abre un espacio cerca de mí. Estiro la pierna para ganar terreno y logro sentarme. La pareja que se fue dejó dos espacios, yo ocupe el sitio de la ventana. Volteo y a mi lado: una gorda!!!, que está cargando a un niño llorón y encima se queja porque sus gigantes pantorrillas no entran…. refunfuño entre los dientes y muevo la maleta para que entre la… señora.

 ¡Hace calor! Pero la gente pide no abrir las ventanas. Siempre pienso que  debe ser porque creen que como hace frío afuera entonces también adentro. Pero ¿acaso se dan cuenta que si bien las ventanas escurren lluvia por afuera, desde adentro, no se ven la calle por las lunas empavonadas que se enturbian por el “calor humano” de la gente que va dentro, que además ni porque son las 7 de la mañana se han bañado antes de subir… Por lo menos que se pasen un trapito por el sobaco, no les pido más. “Es que estoy con la garganta” dicen para que la ventana se mantenga cerrada. COJUDOS! ¡Acaso se pueden sacar la garganta! es peor cuando pasen del infierno a la congeladora porque es el cambio de clima el que los enferma de los bronquios (una enfermedad muy difundida en nuestra ciudad debido a la humedad y a la mala alimentación en edades tiernas… y al cambio de clima: del infernal bus a la gélida Av. Canadá)

Pero no me importa, como ahora estoy cerca a la ventana, la voy a abrir. ESTÁ ATASCADA! maldita sea la hora… la hora, ¡la hora! es la hora la que se paso volando y sin darme cuenta estoy a media cuadra de mi destino sentado atrapado entre una ventana atorada y una gorda con crío, en un micro que no se detiene, con una pesada maleta que atravesar en medio de todo el tumulto de gente hasta llegar a la puerta del maldito cobrador que se quiso quedarse con veinte céntimos adicionales cuando le di mi moneda de dos soles (porque: “como yo soy colorado, debo ser rico y en cambio el es un pendejo criollazo …” que envidia que me da querer ser como él). “¡BAJAN, BAJAN! ¡Sal gorda de mierda!”, pienso en silencio… “perdón señora”, le digo. Avisa con tiempo pe’ Me grita el malcriado cobrador que ha llevado cursos de management corporativo y atención al cliente, mientras la gente que no suelta el tubo del techo ni porque el vehículo ya se detuvo por completo se arrincona contra las sillas para ver si me dejan pasar. ¡Otra vez se me olvidó el libro! La gorda lo estaba ojeando caleta y cuando me vio reaccionar recién lo cogió para alcanzármelo con esos olluquitos que parecían sus dedos.

Bajo con el pié izquierdo, para que el cobrador se sienta que no tiene capacidad de mando y veo como esa cafetera gigante se va alejando de mi vida…mientras tanto hasta la próxima oportunidad que la necesite…

Cuando llego al trabajo, voy al baño miro hacia abajo y mi pantalón está manchado. Miro de nuevo y mi polo también. Descubro en el espejo que mi cara está llena de pecas negras. Son las gotas de lluvia que cayeron dentro del bus… creo que era aceite ¡maldita sea la hora!… la hora, ¡la hora! es la hora de trabajar porque estamos atrasados…

Luego viene un amigo y me pregunta: ¿vas a ir por café?

FUIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIRRRRRRRRRRRRRRRAAAAAAAAAA…jajajaja

 ¡Hay que hacer algo con el transporte público!

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